guía rápida de las principales criptomonedas: lo que debes saber

Cuando se habla de criptomonedas, la mayoría de la gente piensa automáticamente en bitcoin. Sin embargo, el universo cripto es mucho más amplio y diverso. Hoy existen miles de criptomonedas, con objetivos, tecnologías y niveles de riesgo muy distintos entre sí.

Antes de invertir, conviene entender cuál es cada una, para qué sirve y cuáles son sus principales ventajas e inconvenientes. Veamos las más relevantes.

Bitcoin (BTC): el origen de todo

Bitcoin fue la primera criptomoneda y sigue siendo la más conocida y la de mayor capitalización de mercado. Nació en 2009 con un objetivo muy claro: crear un sistema de dinero digital descentralizado, sin intermediarios y con una oferta limitada.

En el lado de las ventajas, cuenta con una red muy segura y descentralizada, y una oferta máxima limitada (21 millones), lo que refuerza su narrativa como “reserva de valor”. También es la criptomoneda que cuenta con un mayor reconocimiento global y, por consiguiente, la más adoptada por los inversores institucionales.

De este modo, Bitcoin ha conseguido revalorizarse de forma meteórica (casi un 1000% en los últimos cinco años). Pero ojo: también ha mostrado un nivel de volatilidad en consonancia. Por ejemplo, en el denominado invierno cripto de 2022, cayó nada menos que un 75%, desde los 69.000 hasta los 15.500 dólares.

Ethereum (ETH): la base del ecosistema cripto

Ethereum no es solo una criptomoneda, sino una plataforma tecnológica que permite crear aplicaciones descentralizadas y contratos inteligentes (smart contracts). Sobre Ethereum se han desarrollado gran parte de los proyectos DeFi, NFT y otros servicios blockchain.

Se trata, por tanto, de un ecosistema muy amplio y activo, que supone la base de muchos proyectos innovadores y que además realiza actualizaciones constantes para mejorar eficiencia y escalabilidad.

En el lado de los contras, se enfrenta a la competencia creciente de otras blockchains, y puede presentar comisiones variables en momentos de alta demanda.

Stablecoins: el “puente” con el dinero tradicional

Las stablecoins son criptomonedas diseñadas para mantener un valor estable, normalmente vinculado al dólar. Las más conocidas son USDT (Tether), USDC o DAI.

Esto implica que su volatilidad sea inferior a la de la mayoría de las criptos, lo cual es una importante ventaja.

Son útiles para operar dentro del ecosistema cripto sin salir a dinero tradicional y facilitan pagos y transferencias internacionales.

No obstante, no eliminan totalmente el riesgo del sistema cripto y pueden presentar dependencia de emisores y reservas (al menos, en algunos casos).

Binance Coin (BNB): utilidad dentro de un ecosistema

BNB es la criptomoneda asociada al ecosistema Binance, uno de los mayores exchanges del mundo. Se utiliza para pagar comisiones, acceder a servicios y participar en proyectos de la plataforma.

Por lo tanto, ofrece un uso práctico dentro de un ecosistema consolidado. Aporta beneficios vía comisiones y servicios, y cuenta con una elevada liquidez.

En cuanto a las desventajas, presenta una alta dependencia de una empresa concreta, lo que implica una menor descentralización, así como el riesgo regulatorio ligado al exchange.

Solana (SOL): velocidad y escalabilidad

Solana es una blockchain diseñada para ofrecer transacciones muy rápidas y baratas, orientada a aplicaciones descentralizadas y proyectos financieros.

Los pros de esta cripto son la alta capacidad de procesamiento y los bajos costes de transacción. Además, se ve favorecida por un creciente ecosistema de aplicaciones.

No obstante, también cuenta con una mayor complejidad tecnológica. Ha sufrido interrupciones técnicas y tiene menor historial que Bitcoin o Ethereum.

Cardano (ADA): enfoque académico y a largo plazo

Cardano se caracteriza por un desarrollo basado en investigación académica y revisiones científicas. Su evolución es más lenta, pero busca mayor robustez y sostenibilidad.

Esto implica que su desarrollo está siendo más riguroso y planificado, con un claro enfoque en escalabilidad y sostenibilidad. Cuenta con una comunidad muy comprometida.

Los avances, sin embargo, son más lentos. Por el momento, tiene una menor adopción práctica que otros proyectos y, aunque las expectativas son elevadas, aún no están plenamente materializadas.

Otras criptomonedas: un universo muy heterogéneo

Más allá de las grandes, existen miles de proyectos con finalidades muy distintas: privacidad, videojuegos, finanzas descentralizadas, almacenamiento de datos o incluso puro entretenimiento (las llamadas memecoins).

Aquí el riesgo aumenta considerablemente. Es probable que muchas de estas criptomonedas no sobrevivan en el largo plazo, aunque algunas pueden ofrecer retornos muy elevados, con la misma probabilidad de fuertes pérdidas.

En este sentido, hay que tener presente que las criptomonedas son un activo de alto riesgo. No generan ingresos, su valoración depende en gran medida de expectativas y adopción futura, y están expuestas a cambios regulatorios y tecnológicos.

Por eso, si se incorporan a una cartera, debería ser con una parte pequeña del patrimonio, dentro de una estrategia diversificada y asumiendo que la volatilidad es parte del juego.

Comparte este artículo

¿Te lo hemos explicado bien?

Si te ha quedado alguna duda sobre este tema (o cualquier otro), escríbenos al consultorio hellomyinvestor@myinvestor.es