Hoy, 5 de octubre, celebramos el Día de la Educación Financiera, una fecha impulsada por el Banco de España y la CNMV para concienciar sobre la importancia de tomar decisiones informadas en lo relativo a tus ahorros.
La educación financiera es el conjunto de conocimientos y habilidades que nos permiten tomar mejores decisiones sobre nuestro dinero: desde organizar nuestros gastos y ahorrar hasta entender cómo funcionan las inversiones, los préstamos o los seguros.
Es un campo prácticamente inabarcable. Hay cientos de conceptos, productos y decisiones que podríamos estudiar. Pero no hace falta convertirse en un experto en finanzas para empezar a manejar mejor nuestro dinero. Hay diez ideas básicas que, por sí solas, suponen una excelente base.
1. La inflación hace que tu dinero pierda poder adquisitivo
Que tengas la misma cantidad de euros dentro de diez años no significa que puedas comprar lo mismo con ellos. Si los precios suben, cada euro permite comprar un poco menos. Por eso, para preservar nuestro poder adquisitivo a largo plazo, no basta con guardar el dinero: también hay que pensar qué hacemos con él.
2. Conoce tu perfil de riesgo y fija objetivos
Antes de invertir, debes saber cuánto riesgo estás dispuesto a asumir y para qué necesitas ese dinero. No es lo mismo invertir para comprar una casa dentro de tres años que para complementar tu jubilación dentro de treinta. El plazo y tu perfil de riesgo deberían determinar qué inversiones tienen sentido para ti.
3. El interés compuesto juega a tu favor
Cuando los rendimientos que obtenemos se reinvierten, empiezan a generar a su vez nuevos rendimientos. Es el interés compuesto. Su efecto puede parecer pequeño al principio, pero se vuelve mucho más relevante cuanto más tiempo dejamos pasar.
4. No existe rentabilidad sin riesgo
En finanzas, normalmente, para aspirar a obtener una mayor rentabilidad hay que asumir un mayor riesgo. Y que una inversión haya dado una determinada rentabilidad en el pasado no significa que vaya a repetirla en el futuro.
5. Diversificar reduce riesgos
Invertir todo nuestro dinero en un único activo, empresa, sector o país puede hacer que nuestra cartera dependa demasiado de lo que le ocurra a ese único elemento. Diversificar consiste precisamente en repartir el riesgo entre distintas inversiones.
6. Las comisiones importan
Una comisión del 1% puede parecer poca cosa. Pero cuando se aplica sobre nuestro dinero durante muchos años, su impacto puede ser considerable. Antes de contratar un producto financiero conviene saber cuánto nos va a costar y qué estamos pagando exactamente.
7. El plazo es fundamental
No deberíamos tomar las mismas decisiones con el dinero que vamos a necesitar dentro de seis meses que con el que no necesitaremos hasta dentro de veinte años. Cuanto más largo sea nuestro horizonte temporal, más opciones de inversión podemos plantearnos y más tiempo tenemos para asumir y recuperar posibles caídas.
8. La deuda también forma parte de tus finanzas
Pedir dinero prestado tiene un coste. Por eso, antes de contratar un préstamo o hipoteca conviene mirar más allá de la cuota mensual y entender cuánto vamos a pagar en total, qué intereses se aplican y cuál es la TAE.
Si estamos obligados a la contratación de otros productos para poder obtener ese interés, es interesante analizar las comisiones y rentabilidad de esos productos. Echando cuentas, puede que lo barato nos salga caro.
9. Antes de contratar un producto, hay que entenderlo
No hace falta conocer todos los productos que existen. Pero sí deberíamos poder responder a preguntas básicas antes de contratar uno: ¿qué rentabilidad puedo esperar?, ¿qué riesgo asumo?, ¿cuánto me cuesta?, ¿cuándo puedo recuperar mi dinero? Si no sabemos responderlas, quizá todavía no sea el momento de contratarlo.
10. Empezar importa más que hacerlo perfecto
No necesitamos saberlo todo para empezar a ordenar nuestras finanzas. Tener claros nuestros objetivos, organizar nuestros gastos, construir un colchón de seguridad y empezar a tomar decisiones de ahorro e inversión de acuerdo con nuestro horizonte y nuestro nivel de riesgo ya supone un gran paso.
La educación financiera no consiste en saberlo todo sobre dinero. Consiste en entender lo suficiente como para tomar nuestras propias decisiones con más información y menos miedo. Y estas diez ideas son un buen punto de partida.


