Criptomonedas: guía rápida para entender los pros y contras

En los últimos años ha surgido un nuevo tipo de activo dentro del panorama financiero global: las criptomonedas. Su aparición ha abierto un debate sobre el papel que pueden desempeñar como activos de inversión e incluso como alternativa al dinero tradicional.

Para entender mejor este fenómeno y valorar si tienen sentido dentro de una estrategia de inversión, conviene analizar con claridad qué son exactamente, qué ventajas ofrecen y qué riesgos implican.

Qué es una criptomoneda

Las criptomonedas son activos digitales basados en tecnología criptográfica cuyo propósito es permitir transacciones seguras sin depender de una autoridad central.

A diferencia de otros activos financieros, no existen físicamente ni están asociadas a un banco o entidad emisora. Funcionan sobre una red informática llamada blockchain, que actúa como un libro de registro público donde cada operación queda validada por múltiples participantes de la red.

Este sistema descentralizado implica que ninguna institución -ni bancos centrales, ni gobiernos, ni empresas privadas- controla su emisión o supervisa su funcionamiento. Las reglas con las que operan están integradas en el propio protocolo tecnológico y se ejecutan de forma automática.

Su valor tampoco proviene de beneficios empresariales ni de activos reales, por lo que su precio se determina exclusivamente en función de la oferta y la demanda.

Ventajas y atractivo para el inversor

Las criptomonedas han captado la atención de inversores de todo el mundo por distintos motivos. Uno de los más visibles son las rentabilidades que algunos proyectos han registrado desde su creación. Bitcoin es el ejemplo más destacado: desde sus primeras operaciones por debajo de un dólar hasta superar en ciertos momentos los 120.000 dólares, su trayectoria ha alimentado la idea de que podría actuar como una posible reserva digital de valor.

Su oferta limitada -Bitcoin está programado para que nunca existan más de 21 millones de unidades- ha reforzado esa percepción de escasez, un factor que algunos inversores consideran atractivo en un entorno monetario marcado por políticas expansivas.

Otro aspecto relevante es su naturaleza global y accesible. Cualquier persona con conexión a Internet puede participar en este mercado, lo que ha facilitado su adopción en países que sufren inflaciones muy elevadas o restricciones financieras. Esta accesibilidad también conecta con los inversores más jóvenes, familiarizados con los entornos digitales y la tecnología blockchain.

A ello se suma un creciente interés institucional. En los últimos años, numerosas entidades financieras han comenzado a incorporar productos vinculados a criptomonedas, desde fondos cotizados hasta servicios de bróker, lo que ha contribuido a integrarlas progresivamente en el ecosistema financiero tradicional.

Además, algunos estudios apuntan a que su comportamiento presenta correlaciones bajas con otros activos, lo que hace que determinados inversores las consideren como una herramienta potencial de diversificación.

Desafíos y riesgos

Aun con su creciente adopción, las criptomonedas presentan riesgos que conviene evaluar con detenimiento. El más evidente es su elevada volatilidad: Bitcoin, por ejemplo, ha registrado una volatilidad anualizada cercana al 65% en la última década, alrededor de tres veces la de la renta variable. También ha experimentado correcciones abruptas, con caídas próximas al 80% en determinados periodos.

La ausencia de un marco regulatorio internacional añade otro nivel de incertidumbre. La falta de supervisión facilita que muchos proyectos no lleguen a consolidarse. De hecho, una proporción significativa de las criptomonedas que se han lanzado en los últimos años ha dejado de operar o se considera fallida.

Por último, persiste el debate sobre su uso en la economía real. Aunque existen iniciativas para facilitar los pagos y algunos países han dado pasos hacia su adopción, su utilización como medio de intercambio sigue siendo reducida en la mayor parte del mundo.

Por todo ello, las criptomonedas suelen considerarse más adecuadas para inversores con una elevada tolerancia al riesgo, y siempre en una proporción limitada dentro de una cartera diversificada.

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