Los fondos indexados se han convertido en una de las alternativas de inversión más populares entre los ahorradores particulares. Su sencillez, sus costes reducidos y la posibilidad de invertir de forma diversificada sin necesidad de seleccionar acciones concretas han hecho que cada vez más inversores se interesen por ellos.
Sin embargo, que una estrategia sea sencilla no significa que no requiera conocimiento. Muchos de los errores más habituales al invertir en fondos indexados no tienen que ver con el producto en sí, sino con la forma de utilizarlo.
Estos son cinco errores que conviene evitar.
1. Pensar que un fondo indexado no tiene riesgo
Uno de los mayores malentendidos sobre la inversión indexada es pensar que, al estar diversificada, está libre de riesgo. Es cierto que un fondo indexado que replica un índice amplio permite invertir en cientos o incluso miles de compañías, reduciendo el riesgo de depender de una sola empresa. Pero eso no significa que no pueda sufrir caídas.
Cuando los mercados bursátiles atraviesan un periodo negativo, un fondo indexado de renta variable también puede perder valor. La diversificación ayuda a reducir riesgos, pero no elimina la volatilidad.
Por eso, antes de invertir es fundamental tener claro que la inversión en bolsa está pensada para objetivos de largo plazo y que habrá momentos en los que el valor de la cartera será inferior al dinero inicialmente invertido.
2. No prestar atención a las comisiones
Una de las grandes ventajas de los fondos indexados son sus costes reducidos. Las comisiones tienen un impacto importante en la rentabilidad final, especialmente cuando hablamos de inversiones mantenidas durante muchos años.
Pero no basta con fijarse únicamente en la comisión de gestión. Antes de invertir conviene analizar bien qué producto estamos contratando y cuáles son sus características.
Es importante revisar no solo los costes, sino también aspectos como el índice que replica el fondo, la liquidez, el tamaño del producto, la gestora que hay detrás o la diferencia entre la rentabilidad obtenida por el fondo y la del índice de referencia (tracking error).
3. Olvidar la distribución de activos
La inversión indexada facilita mucho la construcción de una cartera, pero no elimina una de las decisiones más importantes de cualquier inversor: decidir qué activos quiere tener y en qué proporción. Lo que en el argot financiero se conoce como distribución de activos, o asset allocation.
No es lo mismo invertir únicamente en renta variable que combinar acciones con renta fija. Tampoco es igual tener una cartera concentrada en Estados Unidos que una cartera global diversificada.
Antes de elegir fondos indexados, el inversor debería preguntarse qué nivel de riesgo puede asumir, cuál es su horizonte temporal y qué combinación de activos encaja mejor con sus objetivos.
La gestión pasiva no consiste simplemente en comprar un índice, sino en elegir los índices adecuados y asignarles un peso coherente dentro de la cartera.
4. Pensar que la gestión pasiva siempre es mejor que la activa
El crecimiento de la inversión indexada ha llevado a algunos inversores a pensar que la gestión activa ya no tiene sentido. Pero lo cierto es que ambas pueden tener un hueco dentro de la cartera.
Los fondos indexados son una herramienta muy eficiente para muchos mercados líquidos, donde resulta muy difícil que un gestor consiga batir al índice de forma consistente después de descontar costes, como ocurre habitualmente con los grandes índices bursátiles desarrollados.
Sin embargo, existen segmentos donde la gestión activa puede aportar más valor, como algunos mercados emergentes, las pequeñas compañías (small caps), determinadas estrategias de renta fija o nichos donde la selección de activos puede marcar diferencias.
Por eso, una cartera no tiene por qué ser completamente indexada o completamente de gestión activa. Ambas aproximaciones pueden convivir y complementarse.
5. Cambiar de estrategia cuando llega una caída
Este es probablemente uno de los errores más difíciles de evitar. La inversión indexada funciona con una idea sencilla: aceptar las fluctuaciones normales del mercado y mantener una estrategia diversificada durante muchos años.
El problema aparece cuando llegan las caídas. En esos momentos es habitual pensar que quizá sea mejor vender antes de que el mercado siga bajando o esperar a que vuelva la tranquilidad para invertir de nuevo.
Sin embargo, intentar anticipar constantemente los movimientos del mercado suele jugar en contra del inversor. Muchas de las mejores sesiones bursátiles de la historia se han producido después de grandes caídas, cuando el sentimiento del mercado era más negativo.
Una buena estrategia no debe funcionar solo cuando los mercados suben, sino también cuando atraviesan momentos complicados.


